La Reina de las Nieves
Érase una vez un
chico que pensaba que los copos de nieve eran como las abejas y que, en algún
lugar, debía de existir una reina. Y, un día, la Reina de las Nieves vino a
buscarlo y lo llevó consigo. El palacio de la reina era bellísimo, pero de
hielo, y la reina era perfecta, pero le heló el corazón. Le dio un puzzle de
espejos que le hizo olvidarse del mundo y su vida anterior y allí se quedó el
chico de plantón, hasta que su mejor amiga fue a buscarlo y rompió el conjuro
para que pudiera regresar a casa.
Espero que vosotros
mantengáis el corazón bien abrigado, lo cual, se pongan como se pongan los
anuncios navideños, cada día es más difícil, y que siempre contéis con alguien
que os lo descongele de un abrazo en caso de emergencia. Que tengáis presente que un palacio no sirve
de nada si está hecho de hielo (os lo digo yo, que no tengo calefacción ahora
mismo), que buscar la perfección es absurdo si te impide reírte y ser feliz y
que, en ocasiones, volcarse en un problema te resta perspectiva. Espero que
estéis en casa.
Feliz Navidad.
Tres pequeñas escenas de invierno
Son tres pequeños dibujos, de unos 8 cm de lado, que hice ayer en acuarela y tinta como parte de la decoración navideña. Se acerca el invierno...
Proyecto 10 Negritos: La isla del Negro
Agatha Christie escribió Diez Negritos en la Isla de Burgh, en la costa de Devon, un lugar bastante tranquilo que cuenta con un lujoso hotelito Art Decó y poco más. Con la marea baja se puede llegar andando al pueblo cercano pero, si sube, el hotel queda completamente aislado, excepto por barco. Y, si hay tormenta, ni siquiera por barco.
Esta situación tan engañosamente segura le pareció el escenario perfecto para una novela de misterio.
La isla podía explorarse a pie, no había ningún sitio, salvo la mansión, en el que un asesino pudiera esconderse, de no ser por la niebla podrían incluso ver el pueblo, si no fuera por la lluvia llegaría una barca que les devolvería a casa... pero la cuestión es que los diez habitantes de la isla están muriendo, uno por uno.
La isla tiene también bastante protagonismo en el
juego de 10 Negritos. El tablero no se limita a las habitaciones de la casa, puedes (y debes) recorrer las diferentes localizaciones de la pequeña isla. El dibujo que aparece entre los papeles de las fichas de personaje fue el primero que hice de entre todos los elementos del juego.

Al principio de la novela, te explican que la Isla del Negro recibe su nombre de su forma, pues desde cierto punto de vista parecía un rostro con rasgos africanos. Burgh era demasiado plana para conseguir ese efecto, así que escogí la cara más rocosa y pronuncié más el perfil, obligando a los personajes a hacer algo más de ejercicio al explorarla. Cerca de Antequera (Málaga) hay una peñón al que la gente llama la Peña del Indio porque tiene exactamente la silueta de un indio de nariz aguileña tumbado de perfil. Yo me dejé llevar bastante de ese espíritu y exageré los rasgos en el dibujo. O eso pensaba yo, porque hasta hasta el momento nadie parece haber visto el rostro del negro en el dibujo. Quizá es de esas cosas que pasan desapercibidas hasta la primera vez que las ves.
La isla aparece también en la portada de la caja, ya que me parece que resume bastante bien la situación: Durante el día creías que estabas en una casa preciosa con vistas al mar esperando a tu anfitrión pero, al caer la noche, descubres que nadie, en absoluto, va a llegar y que tú tampoco irás a ningún sitio. La tormenta se acerca y tú estas, literalmente, aislado.
Una tarde en la ópera

El lunes pasado fue la presentación,
en el Conservatori Liceu de Barcelona, de El Nuevo Bayreuth de Wieland y Wolfgang
Wagner (ediciones Karussell). Para los que todavía encontraron sitio para
sentarse, porque la cosa se llenó bastante, fue una tarde muy amena, conducida
por Ramón Gener (barítono, conferenciante y divulgador de la historia de la
ópera) y con la actuación de la soprano Roser Valdivieso Font.
Y, por supuesto, con el autor, Emilio José Gómez
Rodríguez, que estuvo respondiendo preguntas y ofreciendo su visión sobre el
festival más famoso de Alemania. Es curioso lo de Emilio, que tiene ese tipo de
conocimiento profundo que da el estudiar algo que te apasiona y, sin embargo,
con esa forma de hablar que en seguida te hace sentir como entre amigos. Quizá sea el
acento gaditano, o igual es algún tipo de don.

Sobre el libro, es
el primero publicado en castellano que aborda esos aproximadamente quince años
de Bayreuth, marcados por el pragmatismo de Wolfgang Wagner y por la luz (en todos los
sentidos) de Wieland, y conocidos sobre todo por quitarle a las valkirias sus
cascos con cuernos y revolucionar la escenografía en la ópera, hasta llegar a
la que conocemos actualmente. Y, no menos importante, el diseño de la portada es mío, a
partir de esta ilustración de Parsifal que os mencioné hace un tiempo.
Si queréis saber
más del tema podéis pasaros por el blog del autor, o bien comprar directamente El
Nuevo Bayreuth en la página de la editorial.
Steampunk: fantasmas victorianos
Repaso las notas del profesor Sheffield
intentando averiguar dónde está el problema, pero no encuentro la clave y,
obviamente, ya no me es posible preguntarle a él. Cuento con aproximadamente
300 páginas (tres cuadernos) de cálculos minuciosos, varios pliegos de planos
muy detallados e incluso una maqueta realizada por el propio profesor
Sheffield. Incluso tuvo la amabilidad de venir a morirse exactamente sobre el pentagrama donde debíamos construir la
máquina, para conseguir la mayor precisión posible. Todos los que nos
encontrábamos esa noche en el teatro sabemos hasta qué punto esto último fue inoportuno
para él.
Y sin embargo, cuando hemos puesto
la máquina en funcionamiento, sólo ha aparecido esta niña desconcertante, en
absoluto cualificada para dar un informe científico completo de los otros
planos de existencia. No hace más que cantar y jugar a la rayuela y, a veces,
se trae una muñeca.
De modo que no sé qué hacer. Rusell
propone estúpidamente desconectar la máquina y volver a conectarla. Esto no nos
conduce a ninguna parte.
(Ilustración de Esperanza Peinado Plaza)
Vestida de tinta
Hace ya casi un año que hice este dibujo, que es el mismo que tiene ahora de fondo este blog. Sin embargo, esta dama que camina sola, desnudándose un poco con cada imagen que lanza al aire, nunca había tenido una entrada para ella sola. El frío que hace de repente me ha recordado que ya va siendo hora, antes de que se acabe el otoño y dejen de caer las hojas.
(Ilustración: Esperanza Peinado Plaza)
Proyecto 10 Negritos: Anthony Marston
"- Acabo de reflexionar... pienso que Johnny y Lucy Combes serían los dos niños que atropellé cerca de Cambridge. ¡Qué mala suerte!
- ¿Para ellos o para usted?
- Hombre, pensaba que para mí... pero quizá tenga usted razón: fue mala suerte para ellos..."
Agatha Christie, Diez negritos
Tony Marston es el primer personaje que muere en la novela, el que demuestra que la cosa va en serio y uno de los pocos que carece de remordimientos sobre su propio crimen. A fin de cuentas, se justifica, están en el siglo de la velocidad, y a él le gusta conducir coches muy rápidos, como el Daimler en el que llega al embarcadero y cuyas llaves aparecen en la hoja de personaje, para caracterizarlo.

También es el personaje que más cambia en las adaptaciones. En el libro es un joven alto, rubio y atractivo, el único del grupo, en opinión del capitán del barco, que se parece a los antiguos invitados del millonario que anteriormente poseía la Isla del Negro. En las adaptaciones posteriores, los dos niños asesinados pasaron a ser una pareja adulta, por cosas de la censura, y el niño mimado cambió continuamente de nombre y de aspecto. En la película más conocida se transforma en el príncipe Nikita Starloff, un tipo maduro y francamente cargante encarnado por Misha Auer.
Al diseñar el personaje para el
juego, yo he procurado mantener el estilo de la novela, aunque sin exagerar y dándole cierto aire presuntuoso porque, la verdad, no me cae muy bien.
(Diseño e ilustraciones de Esperanza Peinado Plaza)
Danza oriental y Wallada la Omeya

No tenía muy claro qué escribir para acompañar esta acuarela, que pinté hace ya un tiempo y me apetecía rescatar. Tengo por alguna parte un libro de poesía árabe de donde podría haber sacado unos versos pero, como no lo tengo a mano, recurrí a internet. Y encontré a Wallada la Omeya, una poetisa del siglo XI, hija de una esclava y un califa que murió asesinado. Al heredar la fortuna de su padre, abrió un salón literario en su palacio y compitió en certámenes de poesía con poetas varones, y encima llevando la cara descubierta. Tanto el rostro de Wallada como su poesía adquirieron fama rápidamente, y fue considerada una especie de mujer fatal de la época. Acostumbrada al mando desde la cuna y a vivir libremente, hermosa, inteligente y con mucho caracter, ha pasado a la historia también por sus amores con otro poeta, Ben Zaydum, que al parecer la traicionó con otra persona (hay quien piensa que un hombre, otros que una esclava que Wallada había tomado bajo su protección y educado) y por la venganza de Wallada.
Sin embargo, quería dejaros con la imagen de una mujer caminando por las calles de la Córdoba del siglo XI, con la cabeza descubierta y estos versos bordados en oro en el vestido:
"Por Alá, que merezco cualquier grandeza
y sigo con orgullo mi camino.
Doy gustosa a mi amante mi mejilla
y doy mis besos
para quien los quiera."
Mamam Brigitte noir
Mamam Brigitte es la esposa del
Barón Samedi, una loa de la muerte y la fertilidad igualmente poderosa, aunque
bastante menos conocida que su cónyuge. Por su posición entre los dos mundos me
pareció muy apropiada para la noche de Samhain, pero me ha encantado saber que,
al parecer, ella es de origen celta también. Desciende de Santa Brígida, como
atestiguan sus ojos color verde irlandés, y posiblemente llegase a Haití con
los deportados de Irlanda y Escocia. La tumba de la primera mujer enterrada en
cada cementerio de Haití se consagra a ella.
Malhablada, apasionada y buena bebedora,
como el resto de la familia, es famosa por ser una excelente danzarina y por
hacer cosas muy interesantes con los pimientos picantes. Se la representa
vestida de novia y con mariposas enlazadas en los cabellos, en alusión a la
brevedad de la vida.
Espero que paséis un gran Samhain y
un tranquilo Día de todos los Santos. O lo que prefiráis.
(La mayor parte de los datos se repiten en cualquier parte donde se hable del clan Guedé, aunque el origen celta de Mamam Brigitte lo leí por primera vez en esta página:
www.rootswithoutend.org)
(Ilustración: Esperanza Peinado Plaza)
Steampunk: viajando en el Nautilus
Bajo el mar, el tiempo transcurre de modo diferente. Dentro, en el silencio absoluto (si estás lejos de las bombas y los motores), mirando cambiar casi imperceptiblemente los azules, pasa lentamente, como las ballenas o esos otros animales inmensos, que son apenas un ojo enorme al otro lado del cristal. Fuera, el tiempo pasa muy deprisa, te bebes los minutos como el oxígeno. También decides si es de día o es de noche.
Y no hay fronteras o, al menos, no hay nadie que te las imponga. Cambias de sitio siguiendo tu instinto, como los bancos de peces.
Si lo piensas así, bajo el mar eres el señor del tiempo y del espacio.
Proyecto Diez Negritos: Ethel Rogers
Estos meses estoy trabajando con
Peká Editorial en un juego de mesa creado por Judit Hurtado Fernando Chavarría y basado en la novela Diez Negritos, de Agatha
Christie. Me gustan mucho los juegos (especialmente los que son cooperativos,
como éste, porque soy una pésima perdedora) y me encantan las novelas de misterio,
así que, pese a las horas de trabajo, estoy disfrutando intensamente este
proyecto.
Agatha Christie decía que Diez
Negritos (“And then there were none”, se llamó después) era su obra más
perfecta. También es una de las novelas policíacas más vendidas de la historia.
Parte de una premisa muy sencilla: Diez personas, aparentemente sin relación
entre sí (excepto el matrimonio de criados) son reunidos en una isla privada.
Pronto descubren que sí tienen algo en común, todos son responsables de la
muerte de alguien. Y acto seguido, descubren otro punto de unión: uno por uno, todos
están muriendo. La novela y el juego de mesa tienen el mismo objetivo,
descubrir cuál de los personajes es el asesino antes de que mate al resto. Como
en las diferentes adaptaciones de la historia, el asesino cambia en cada
partida, y se considera descubierto si reúnes durante el juego el número
suficiente de pistas.
No es un Cluedo, es muy divertido
y, a pesar de tener una mecánica muy ágil, tiene muchos componentes y, os lo
puedo asegurar, una estética muy cuidada. Os dejo aquí parte del proceso de
creación de la cocinera, Ethel Rogers.
(Ilustraciones de Esperanza Peinado)
El Séptimo Mar
Sólo usa un par de zapatos – las botas más cómodas que pudo
encontrar-, blande una espada llamada Fuego Blanco y tiene el pelo del color
del fuego, y aproximadamente igual de manejable.
Ygrain de Carleon es uno de mis personajes preferidos,
quizá por la forma en que disfruta la vida intensamente. No rechaza una
cerveza, ni una buena historia, ni una noche interesante en cualquier sentido. Como
Blanche DuBois, confía en la bondad de los desconocidos, pero sabe cómo reaccionar
si éstos defraudan sus expectativas.
El mono se llama Malaria. Lo bautizó así una compañera de
viaje que enumeraba las enfermedades que podía contagiarles, aunque según
Ygrain es porque, nada más verlo, su amiga se mareó y a continuación le
entraron sudores fríos. Malaria es, a grandes rasgos, cabezota, valiente,
comilón y temperamental, de modo que Ygrain y él se llevan de maravilla.
Como os digo, siento un cariño especial por este par, así
que no me extrañaría que más adelante os siga hablando de ellos.
Qamar y la perla (II)
Antes del verano os hablé de este
cómic que presenté al III
Concurso de Cómics de Medina Azahara. Se trataba de una historia sobre las
historias, y sobre cómo pueden devolver a la vida las ruinas. Al final, aunque estuvo expuesto en Medina Azahara hasta finales de julio, no
gané, porque me tocó un jurado ruskiniano, más interesado en la belleza trágica
de las ruinas que en los cuentos de hadas. Son cosas que pasan.
Os dejo, sin embargo, el cómic, y espero que lo disfrutéis (como siempre, click para ampliar).
El pintor de miniaturas
Desde el principio puso especial cuidado al pintar ésta.
Era de un mirmillón, ese tipo de gladiador romano que en las películas no suele
pasar de extra, probablemente porque no se les ve la cara. La verdad, no le
presté mucha atención (tiene ejércitos completos) pero sí me di cuenta de que
le dedicaba más tiempo a los degradados y los brilllos, de que le buscaba más
matices a las telas, de que cambió un par de veces el color para obtener el
mejor efecto. Y, una vez terminada, la colocó junto a la cama, entre el
despertador y la lámpara. Lo último que mirar al apagar la luz.
Luego empezó el ejercicio. Y le venía muy bien, en realidad.
Pasaba mucho tiempo sentado entre unas y otras cosas. Pero, en algún momento, todo
se volvió excesivo. Y ¿Qué le voy a decir? ¿Que no me gusta que tenga la figura
en la mesa de noche? Yo en la mía tengo un conejo de trapo. Ayer pasé junto al
cuarto mientras hacía flexiones y le escuché murmurar. Habla tan poco
últimamente que me sobresalté. Repetía:
-
- La espada atada al brazo es una con el brazo,
clava y corta. El escudo de un soldado, pesado y recto, defiende al guerrero.
El casco cubre la cara para que nunca te miren a los ojos…
Y no sé qué hacer. Miro la figurita yo también y
espero, simplemente, a que descargue el golpe.
(ilustración: Esperanza Peinado)
Mis fotos del verano
De esto que encuentras un sitio cómodo, a la sombra, con una brisa suave, que no sabes si entrecerrar los ojos o ensimismarte con el paisaje... Es una tarde de verano, te sientes perezosa y no tienes nada urgente que hacer en un rato. Y entonces sacas el
cuaderno y dibujas...
Con habitación propia
Decía Virginia Woolf que, para escribir, una mujer necesita
dinero y una habitación propia. “
Mujeres con habitación propia”, con Trini
Moreno Cobos como principal impulsora, ofrece no sólo ese espacio personal, sino
también un lugar de encuentro para mujeres creadoras, que ponen su cabeza y sus
manos a trabajar en algo en lo que creen: dramaturgas, titiriteras (en el más
honroso sentido del término, si es que tiene otros), escritoras, diseñadoras,
pintoras, músicas y artesanas. Y más.
Y, desde ayer, ya tengo dos llaves en mi llavero: mi firma
y la de mi nueva habitación. Si os apetece pasaros, veréis qué bien acompañada
me encontráis.
Hadas de vacaciones
Estos días de verano me gusta bajarme a la playa a primera
hora de la mañana, antes de que aparezcan las radios, los jugadores de palas o
voleibol y esos preciosos bebés que ven el mar por primera vez y cuyas otras
primeras veces (la primera vez que mojan los pies, que chapotean o que se comen
un cangrejo vivo) te retransmite a voces una familia entusiasta. Me encanta la
calma que tiene el mar a esas horas, cuando apenas se escucha algo más que el
viento y el rompeolas, así que, aunque odio
madrugar, estos días hago una
excepción y, si puedo, llego antes que los peces.
Aún así, nunca soy la primera. Suele haber un señor con pinta de
jubilado y pantalones blancos disfrutando de un periódico y varias sombrillas
huérfanas, que creo que brotan solas por la noche. Y, una mañana, estaba esta
tienda. Ni siquiera fui capaz de entender cómo se sostenía la estructura. Era
una mezcla de pabellón medieval y casa zíngara, una acumulación de alegres
telas de todos los colores, banderolas y guirnaldas, como una especie de
espejismo en la arena.
Intrigada, hice un pequeño boceto en el margen de mi revista,
pero no llegué a averiguar quién la ocupaba. Las dos veces que me asomé
discretamente –al ir a nadar y al salir
del agua- estaba vacía, aunque alguien había dejado dentro sus cosas. No ha
vuelto a aparecer por aquí, así que, si alguien la ve y averigua algo más sobre quién viaja con tanto estilo,
que me avise.
(Ilustración de Esperanza Peinado)
El espantapájaros
"No querrás ser siempre un trozo de madera, ¿eh, Capitán?" me preguntó ella.
No sé por qué me llamaba capitán. Se había traído "Los cañones de Navarone" y puede que confundiera mi abrigo con una casaca de uniforme. pero tenía razón: si no lees, los sueños se te quedan pequeños en seguida y, sin sueños, no puedes crecer. Sólo te haces más viejo, como estas cosas que tengo colgadas.
Las mañanas son algo aburridas pero, por las tardes, la veo llegar desde lejos, con el pelo rubio de tanto sol y la bolsa con el libro y la merienda. Se sienta cerca y leemos. Ahora estamos con "La isla del tesoro", así que sigo siendo un capitán. Ella lee más deprisa, pero la voy pillando. No voy a ser un trozo de madera toda la vida.
(Ilustración y texto de Esperanza Peinado)
Hopper conoce al Predicador
Edward Hopper es uno de mis pintores preferidos, en gran
parte por esa cualidad narrativa de sus cuadros. Hacen que te preguntes qué
historia encierran, qué piensan los personajes, cómo han llegado allí. En esta
versión de Nighthawks, Garth Ennis se
ha encargado de resolver todas esas dudas. Seguro que más de uno ya sabe que el
hombre de espaldas se llama Cassidy, que llegó a Estados unidos en 1918 (aunque
se conserva bien) y es, a la vez, despreciable y carismático. Que el del
alzacuellos es Jesse Custer, de Texas, y busca a Dios para ajustar cuentas, y
la dama de al lado se llama Tulip O´Hare, es vegetariana y lleva en el bolso
una automática del 44 (porque con una pistola de calibre 50 te caen más años de
cárcel). Incluso sabrán la historia del camarero. A los que aún no lo sabíais, os recomiendo los cómics: “Predicador”.
En realidad, apenas hay nada originalmente mío en esta
viñeta. La composición es, evidentemente, de Hopper, y he intentado acercarme
lo más posible al estilo de Steve Dillon (el dibujante), hasta el punto de que
dos de los personajes están sacados de dibujos suyos casi línea por línea. Ni
siquiera se me ocurrió a mí: hace poco, un buen amigo me comentó que le
gustaría tener algo así, así que esto ha sido un regalo para él. Feliz
cumpleaños, Juan.
(Dibujo y color de Esperanza Peinado)
Ella lleva la noche en el pecho
En realidad, para cuando dibujé esto, lo que sonaba era "Mein herz brennt" (Mi corazón arde), de Rammstein, y no "Nebel", que es la canción de la que procede el título, pero fue esa frase tan potente la que me hizo buscar papel y tinta. Sugiere dolor, incluso muerte y, sin embargo, es innegablemente hermosa. El dibujo no está a la altura, pero me amenizó un rato la tarde del martes.
Steampunk: El mensajero alado
Al principio, y para sorpresa de todos, el empleo de
pterodáctilos fue un completo fracaso. Eran menos propensos a enfermedades que los
grifos que, a fin de cuentas, siempre habían sido un pastiche entre dos especies,
más impresionantes que prácticos. También eran veloces y resistentes, y un blanco difícil
para los aviones.
Las alas, en cambio, resultaron un problema en el que nadie
había pensado. Dieron por hecho que los jinetes de los grifos dominarían sin
problema sus nuevas monturas, e hicieron falta un alto número de miembros
fracturados para que asumieran que el movimiento era por completo diferente en un
león con alas de águila, que en un animal extinto que parecía el hijo enfadado
de un murciélago y un cocodrilo.
Para cuando el alto mando decidió actuar al respecto, ya se
había lesionado casi la mitad de la plantilla de mensajeros. La guerra estaba
avanzada y el enemigo había sacado provecho de esta desventaja.
Y entonces apareció Riley y todo cambió.
Parsifal

Personalmente, Parsifal –o Perceval- siempre me ha parecido
lo contrario del dicho popular este de “De bueno, es tonto”. Parsifal de tonto, es bueno. Criado por su
madre, que teme que si sabe demasiado del mundo acabará muerto en combate como
su padre, casi todos los que se lo cruzan sacan la conclusión de que no tiene
muchas luces. El rey Amfortas y los caballeros del Grial, a cuyo castillo llega
por casualidad, lo piensan todos, porque desde fuera la pureza espiritual se
parece tanto a la estupidez, que asusta. Aún así, le permiten presenciar la
última ceremonia de Eucaristía que se celebrará en Monsalvat en mucho tiempo.
El rey Amfortas ha sido herido en el costado por su propia lanza (la de
Longinos) y nadie encuentra cura para su herida. Con todo, los caballeros se reúnen
a su alrededor para verle oficiar el ritual y desvelar ante todos el Santo
Grial, aunque al hacerlo la herida vuelve a abrirse. Parsifal no entiende gran
cosa de lo que acaba de presenciar, pero queda profundamente impresionado y empieza
su propia búsqueda de la lanza robada y la curación del rey, una odisea tanto en
el plano místico como en el material.
Este es el principio de
Parsifal, un festival escénico sacro compuesto por Wagner. El montaje en
que se basa la ilustración, tan minimalista y con ese contraste de luces y
sombras, es el más representativo del Nuevo Bayreuth, quince años del Festival
de Wagner dominados por la figura de Wieland Wagner. Y, si queréis saber algo
más sobre el tema, deberíais leer el libro de Emilio Gómez Rodríguez “El Nuevo
Bayreuth de Wieland y Wolfang Wagner”, del que esta imagen es portada, o bien
ir abriendo boca con su
blog.
La máscara de Italia
A ver si adivináis dónde he estado...
Qamar y la perla (I)
Las bases del III Concurso de Cómics de Medina Azahara
establecían que debía ser una historia ambientada en Medina Azahara, ya fuese
en las ruinas, durante la vida cotidiana en el siglo X o durante su
destrucción. Me pareció genial. Me encantan las historias: creo en el poder que
tienen para hacernos viajar en el tiempo, a otras ciudades, a otros mundos o al
interior de otras personas. Así que decidí intentar contar esto precisamente, cómo a través de un cuento el narrador y el oyente
(y el lector con ellos) pasean por la Medina Azahara original.
Tenía un máximo de cuatro páginas, así que me decidí por
una historia corta y sencilla sobre una
criada ingeniosa que aspira a que le
dejen casarse con su amado, un joven de clase noble, porque, como decía el
Milagroso Max: “el amor verdadero es lo más grande del mundo. A excepción de los
bocadillos de cordero, lechuga y tomate, cuando el tomate está maduro y el
cordero está en su punto”.
Algunos detalles del cómic son históricos (o, al menos,
registrados en fuentes escritas de la época), como los leones de Abderramán III
o la enorme perla del Salón Peregrino, que fue un regalo del rey de
Constantinopla.
El cómic completo estará expuesto en Medina Azahara hasta
el 28 de julio.
Los leones de la Alhambra
Esta mañana en el Museo del Romanticismo había un taller de papiroflexia familiar. No sé muy bien qué tiene que ver la papiroflexia con el romanticismo (o con las familias, que me veo a los padres intentando plegar una jirafa con una mano mientras con la otra intervienen en una pelea por la hoja de color rosa) pero me parece una iniciativa original y muy entretenida para celebrar el 18 de mayo.
Casi todos los museos han pensado algo interesante para hoy: conciertos, instalaciones, concursos, conferencias, coloquios. En un rato empieza una conferencia sobre tatuajes, con espectáculo en el Museo Nacional de Antropología, y un juego de pistas ambientado en el 1913 en el de Artes Decorativas. En Altamira y en el Museo del Traje hay un photocall. Todo esto aparte, por supuesto, de entradas gratuítas, visitas guiadas y horarios intensivos en casi todas partes. A mi, que estoy de viaje, me está viniendo especialmente bien, pero espero que vosotros tengais como yo un buen plan para el Dia Internacional de los Museos.
Estos dibujos pertenecen también a un 18 de mayo de hace ya algunos años. Los hice por encargo para ilustrar un cuadernillo de actividades y juegos para niños en el Museo de la Alhambra de Granada, con textos de Soledad Gómez Vilchez. Siendo la Fuente de los Leones el símbolo por excelencia de la Alhambra, la idea era hacerlos más juguetones y cercanos. Más parecidos a mi gato, en resumen (uno de ellos incluso ha encontrado un ratón).
¡Pasad un gran día!

La tarde en el Alcázar
Aprovechando el tiempo que está haciendo, ayer Diana
Carvajal y yo decidimos pasar la tarde en los jardines del Alcázar.

El plan era
tomar un helado, pasear y dibujar escuchando las fuentes, así que yo me llevé
mi
cuaderno y ella se trajo uno a estrenar. Pasamos un buen rato disfrutando de
las flores, los peces y las ranas y los setos recortados en forma de torre y de
tetera, y decidiendo dónde colocarnos y, finalmente, encontramos un sitio que
nos convenció a las dos. Fue entonces cuando descubrimos que el cuaderno de
Diana era mágico. Apenas empezó a dibujar, se puso a llover.
Poca cosa, algunas gotas aisladas, nada molesto salvo que,
como ella, estuvieras usando un pincel
con tinta soluble. Así que cerró el cuaderno y esperó un poco. Dejó de llover
casi de inmediato pero, para asegurar, dio una vuelta y sacó algunas
fotografías (una, de su pie en perspectiva ante un estanque: porque es una
artista). Luego reemprendió el trabajo y, por supuesto, empezó a llover de
nuevo. Cerró el cuaderno, dejó de llover, charlamos mientras yo dibujaba,
reapareció el sol, se sentó otra vez, reemprendió el boceto, regresó la
lluvia. Aquí ya lo dejó por imposible,
así que no volvió a llover.
Mientras averiguamos si el cuaderno tiene arreglo o lo
guardamos para tiempos de sequía, este es mi dibujo ya acabado:
Si queréis saber de lo que es capaz Diana cuando no le
llueve, os dejo el enlace a su
blog.
La bailarina
A veces pienso que, si me esforzase en serio, podría ser perfecta como una bailarina de plata. Luminosa y ligera como el ala de un ángel. Pulida y tersa como la porcelana. Dios mío, sería aburridísimo.
(Ilustración de Esperanza Peinado)
Esbozando una luna
¡Felicidades a todos los libros
que conozco y a los que no conozco todavía! Espero que estéis pasando un gran
día con vuestros seres queridos, y unirme luego a la celebración. Y una mención
especial a Las mil y una noches, con mucho cariño (él sabe por qué).
Estos días estoy bastante liada,
pero no quería perderme esta cita con vosotros, así que se me ha ocurrido
compartir un poco de una de las ideas en que estoy trabajando. Se llama Qamar,
que significa “luna”, y espero poder enseñaros pronto el resultado completo.
(Ilustración de Esperanza Peinado Plaza)
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