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Asombrada por vivir sólo una historia, decidí probarlas todas, una a una. También escribo y dibujo.

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lunes, 16 de noviembre de 2015

Doble filo



 La espada tenía nombre: Fortuna. Era un mandoble pesado, con un pequeño adorno en forma de ondas en el pomo redondo, ya muy desgastado por el paso del tiempo. Había estado en su familia durante cuatro generaciones. Medía de alto bastante más que su padre, que había sido un hombre fornido, lo que la hacía pensar que quizá hubo algún gigante entre sus antepasados. En todo caso, era un arma demasiado grande y pesada para que una chiquilla flacucha pudiera usarla con efectividad y resultaba bastante decepcionante como única herencia. 

Sin embargo, era un acero de gran calidad, y en cantidad suficiente para poder fundirlo en dos filos bien equilibrados, el tipo de espada corta que penetra fácilmente entre las placas de una armadura para clavarse en el costado. Dos armas letales en unas manos ágiles que supieran cómo usarlas. 

Alguien que escuchó la historia opinó que quizá fuese un mal presagio partir la Fortuna en dos. Ella respondió que hace tiempo que se fabrica la suya.


18:51 Publicado por Esperanza 0

viernes, 19 de septiembre de 2014

La sirena (otra versión del cuento)


Yo ni siquiera debería haber estado en cubierta pero, aunque en consideración a mi rango me habían adjudicado el mejor camarote, el calor me impedía dormir y pensé subir a respirar y mirar las estrellas. La noche era tranquila y el sonido de las olas contra las tablas del casco resultaba agradable. Entonces, un destello blanco en el agua atrajo mi atención. Pensé que era espuma, pero pronto ví que era una cabellera brillante y blanca cono la nieve. Otra cabeza, de pelo azulado, emergió a su lado y escuché cerca, allí abajo, una risa suave, casi infantil.

Recuerdo la canción como un trance, igual que esas veces que sueñas con algo tan hermoso que después no puedes describirlo. No sé cuando empezó ni cuanto duró realmente, pero debió fascinar de igual modo al timonel y los otros marineros. Cuando pude reaccionar, el barco se partía con un crujido, y yo intentaba aferrarme a la madera en que minutos antes estaba apoyado. Los hombres gritaban, la música se convirtió en chillidos de satisfacción animal y el olor a sangre se mezcló con la sal en el aire. Algo que no llegué a ver me sujetó y me arrastró al fondo. Intenté liberarme sin éxito.

Recuperé el conocimiento horas más tarde, sobre la arena seca. El pecho me ardía, y la cabeza me dolía tanto que apenas podía abrir los ojos. Y entonces... la ví. Creo que me estaba sonriendo.


(Hice una versión previa de este dibujo, a lápiz, que podéis ver aquí)
18:32 Publicado por Esperanza 2

viernes, 5 de septiembre de 2014

Las cabezas de la hidra


Lo que no contarán las crónicas es que las voces de los pocos que me acompañaron a la boca de la cueva se fueron apagando al doblar el primer recodo. Que tuve que detenerme para que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad y, también, para reunir el valor que iba a necesitar para seguir. No hablarán de la humedad que subía del fondo del pasaje, de la mezcla de olores, a hierro, agua y sangre. No contarán que temí haberme perdido entre los pasajes de piedra, porque nadie ha salido con vida de las cuevas para dibujar un mapa, ni de lo que se movió en mi interior con la primera de las armas que reconocí, tirada en el suelo y rota. 

Quizá, por darle emoción al relato, cuenten como el agua empezó a moverse, apenas unos destellos en la penumbra, donde acababa la bóveda, y describan el sonido de un animal inmenso al surgir del lago y pisar el suelo, en mi dirección. Lo que las historias sí contarán, o eso espero, es que yo maté al monstruo y nunca más regresó.

(Texto e ilustración de Esperanza Peinado)

13:03 Publicado por Esperanza 0

jueves, 29 de mayo de 2014

Chanoyu. La ceremonia del té

 

No me gustan las bolsitas de té. No es que sean feas (que lo son), o que afecten al sabor, es que no me gusta el sonido que hacen.

¿Lo habéis notado? Se escucha especialmente cuando paras los relojes. Yo necesito el sonido del agua al caer, de la cerámica trabajada con esmero -cada pieza, única, perfecta- al dejarla sobre la mesa, al levantar la tapa y colocarla de nuevo en su lugar. El roce de las hojas entre sí, el té al moverse en la taza, mi gato entrando desde el jardín. Los pájaros, la lluvia, el aire. El conocimiento de que cualquier otro sonido que interrumpa esto, será tan valioso como para merecerlo.

Como algunas casas tienen la habitación del pánico, mi vida necesita la ceremonia del té.

18:11 Publicado por Esperanza 0

jueves, 15 de mayo de 2014

Steampunk: la Mecánica



Le encanta su trabajo. Se mueve por los conductos como si hubiera nacido en ellos, esquivando las pesas, las cadenas y los dientes afilados de los engranajes instintivamente, sin necesidad de calcular las cadencias. Sus gafas  cuentan con filtros para los pasajes más oscuros, aunque sólo las necesita si debe reparar algo. Para desplazarse, le basta con escuchar.

Una vez vino un cómico a documentarse para una escena. Le mostró apenas un par de las salas más seguras pero, aún así, parecía muy impresionado: "¿No tienes miedo de quedar atrapada en un mecanismo?" le preguntó. Ella le miró sin comprender, aunque se rió cuando vió la película en una sala de proyecciones, como todos los demás. Era muy absurdo.

Se arrastra o trepa por los ejes y los conductos de vapor, evitando los más calientes, y se asegura de que todo funciona siempre correctamente. Y fuera, sobre la tierra, el inmenso monstruo sigue caminando.
21:49 Publicado por Esperanza 0

lunes, 28 de abril de 2014

Costa de las Brumas



Caleb se detuvo en lo alto de la colina y examinó el  paisaje con gesto crítico.
No estaba tan mal. La marea empezaba a retirarse y probablemente pudiese atravesar la marisma sin más problemas que el barro en las botas. Una vez en el bosquecillo, podría montar un pequeño campamento e incluso  pescar algo de cena, para variar. Era posible que el agua borrara su rastro al subir de nuevo, si es que sus perseguidores no llegaban antes.
Esa era toda la buena suerte que podía esperar. Quedaban muchos días de camino antes de llegar a algún lugar civilizado, bien pasadas las montañas, y las posibilidades de conseguir alimentos serían escasas de allí en adelante. Eso por no hablar de las leyendas sobre los moradores de las islas, claro. No es que él fuera supersticioso pero, ya sabes, se escuchaban historias.
Caleb se ajustó la capa –la bruma empezaba a filtrarse hacia los huesos- , arregló la manta del pequeño bulto dormido que cargaba en brazos y, con un suspiro, comenzó el descenso.

(Ilustración de Esperanza Peinado)
17:27 Publicado por Esperanza 0

jueves, 30 de enero de 2014

Miradas


El cuadro era una ciudad vista de lejos, entre los árboles, creo. O unas ruinas, quizás, no me fijé demasiado. Había un tipo delante que, por su entusiamo, debía de ser la madre del pintor, y no dejaba de recrearse en la soltura de la pincelada, en las influencias de Giorgione y el tratamiento del color tan propio de Marc y en la transparencia pesada del aire, o algo así. Parecía tener para largo. Yo miraba a la chica del pelo recogido, la melena color arena tostada, la nuca perfecta. No podía verle la cara y parecía absorta en la explicación, o quizá simplemente admiraba la pintura. Imaginé que se giraba y me sonreía y que su sonrisa era tan perfecta como su nuca y la red que formaba su pelo. Me moví ligeramente a la izquierda (no había mucho sitio) para poder ver la curva de su mejilla, prometedora. Pensé en acercarme y decirle algo, pero ni siquiera me acordaba del nombre del autor de ese cuadro que la interesaba tanto y, de todos modos, la sala estaba tan llena... costaba saber si ella también había venido sola. Quizá podía, simplemente, aparecer con una copa y presentarme.

Y entonces, ella se giró de repente y yo dejé de respirar.
22:10 Publicado por Esperanza 0

sábado, 30 de noviembre de 2013

Steampunk: fantasmas victorianos



Repaso las notas del profesor Sheffield intentando averiguar dónde está el problema, pero no encuentro la clave y, obviamente, ya no me es posible preguntarle a él. Cuento con aproximadamente 300 páginas (tres cuadernos) de cálculos minuciosos, varios pliegos de planos muy detallados e incluso una maqueta realizada por el propio profesor Sheffield. Incluso tuvo la amabilidad de venir a morirse exactamente sobre el  pentagrama donde debíamos construir la máquina, para conseguir la mayor precisión posible. Todos los que nos encontrábamos esa noche en el teatro sabemos hasta qué punto esto último fue inoportuno para él.

Y sin embargo, cuando hemos puesto la máquina en funcionamiento, sólo ha aparecido esta niña desconcertante, en absoluto cualificada para dar un informe científico completo de los otros planos de existencia. No hace más que cantar y jugar a la rayuela y, a veces, se trae una muñeca.

De modo que no sé qué hacer. Rusell propone estúpidamente desconectar la máquina y volver a conectarla. Esto no nos conduce a ninguna parte.

(Ilustración de Esperanza Peinado Plaza)
22:13 Publicado por Esperanza 2

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El pintor de miniaturas


Desde el principio puso especial cuidado al pintar ésta. Era de un mirmillón, ese tipo de gladiador romano que en las películas no suele pasar de extra, probablemente porque no se les ve la cara. La verdad, no le presté mucha atención (tiene ejércitos completos) pero sí me di cuenta de que le dedicaba más tiempo a los degradados y los brilllos, de que le buscaba más matices a las telas, de que cambió un par de veces el color para obtener el mejor efecto. Y, una vez terminada, la colocó junto a la cama, entre el despertador y la lámpara. Lo último que mirar al apagar la luz.

Luego empezó el ejercicio. Y le venía muy bien, en realidad. Pasaba mucho tiempo sentado entre unas y otras cosas. Pero, en algún momento, todo se volvió excesivo. Y ¿Qué le voy a decir? ¿Que no me gusta que tenga la figura en la mesa de noche? Yo en la mía tengo un conejo de trapo. Ayer pasé junto al cuarto mientras hacía flexiones y le escuché murmurar. Habla tan poco últimamente que me sobresalté. Repetía:

-           - La espada atada al brazo es una con el brazo, clava y corta. El escudo de un soldado, pesado y recto, defiende al guerrero. El casco cubre la cara para que nunca te miren a los ojos…

Y no sé qué hacer. Miro la figurita yo también y espero, simplemente, a que descargue el golpe.

(ilustración: Esperanza Peinado)

12:53 Publicado por Esperanza 0

miércoles, 31 de julio de 2013

El espantapájaros



"No querrás ser siempre un trozo de madera, ¿eh, Capitán?" me preguntó ella.

No sé por qué me llamaba capitán. Se había traído "Los cañones de Navarone" y puede que confundiera mi abrigo con una casaca de uniforme. pero tenía razón: si no lees, los sueños se te quedan pequeños en seguida y, sin sueños, no puedes crecer. Sólo te haces más viejo, como estas cosas que tengo colgadas.

Las mañanas son algo aburridas pero, por las tardes, la veo llegar desde lejos, con el pelo rubio de tanto sol y la bolsa con el libro y la merienda. Se sienta cerca y leemos. Ahora estamos con "La isla del tesoro", así que sigo siendo un capitán. Ella lee más deprisa, pero la voy pillando. No  voy a ser un trozo de madera toda la vida.

(Ilustración y texto de Esperanza Peinado)
13:21 Publicado por Esperanza 2

lunes, 1 de julio de 2013

Steampunk: El mensajero alado



Al principio, y para sorpresa de todos, el empleo de pterodáctilos fue un completo fracaso. Eran menos propensos a enfermedades que los grifos que, a fin de cuentas, siempre habían sido un pastiche entre dos especies, más impresionantes que prácticos. También eran veloces y resistentes, y un blanco difícil para los aviones.

Las alas, en cambio, resultaron un problema en el que nadie había pensado. Dieron por hecho que los jinetes de los grifos dominarían sin problema sus nuevas monturas, e hicieron falta un alto número de miembros fracturados para que asumieran que el movimiento era por completo diferente en un león con alas de águila, que en un animal extinto que parecía el hijo enfadado de un murciélago y un cocodrilo.

Para cuando el alto mando decidió actuar al respecto, ya se había lesionado casi la mitad de la plantilla de mensajeros. La guerra estaba avanzada y el enemigo había sacado provecho de esta desventaja.

Y entonces apareció Riley y todo cambió.

23:53 Publicado por Esperanza 2

martes, 5 de marzo de 2013

Steampunk: La cazadora



Uno de los perros se llama Pánico, y el otro Helsing. No sé cómo se llama ella, pero tiene una puntería del infierno. 

              La primera vez no le dimos importancia. Los de nuestra raza no nos apreciamos demasiado, y el pueblo estaba demasiado tranquilo desde que los rumores empezaron a circular. Unos cuantos supervivientes habían huido durante el día, a menudo sin llevarse nada con ellos, y los pocos que quedaban eran viejos que pintaban cruces en los cristales y al oscurecer se atrincheraban en sus casas, así que ella era lo más parecido a un reto que teníamos hace meses. Baena, que ya en vida era un tipo peligroso y no pensaba dejar que nadie lo olvidara después de muerto, se echó a reír y salió a por ella con sus amigos (o lo más parecido que hay entre nosotros: ¿Esbirros? ¿Cómplices?), amenazando a quien intentara adelantársele. La noche siguiente regresó solo y sangraba: había pasado el día enterrado en una zanja y aún así lanzaba alaridos con lo que pensaba hacerle, las cosas que haría para vengarse, las horas que tardaría en morir.

              Más de la mitad se fue con él, pero otros ya intuíamos que había que salir de allí, que no iba a regresar ninguno. A lo mejor, si los hubiéramos usado de distracción, hubiésemos podido huir esa misma noche. Quizá ni aún así. La tercera noche reunimos un par de vehículos y mantas para cubrir los cristales y dejamos el pueblo como ratas, en silencio. Vimos la cabeza de Baena clavada en el cartel de salida, y luego el conductor cayó muerto y nos salimos del camino. Aún sonaron algunos tiros más, aunque los perros fueron lo peor.

              No sé si los que intentaron ir monte a través lo han conseguido. A mí ya me da igual, he llegado hasta aquí y prefiero quedarme. Al menos he encontrado algo de beber mientras la espero.

(Ilustración de Esperanza Peinado)
12:04 Publicado por Esperanza 0

martes, 22 de enero de 2013

Recuerda


Siempre se habla de que ves pasar toda tu vida cuando estás a punto de morir, pero muy poca gente te cuenta que lo que experimentas es sorpresa. En el fondo, no comprendes porqué tu plan de vivir eternamente, que estaba funcionando tan bien hasta el momento, ha fallado justo ahora. Que el último beso que diste fue eso, exactamente: el último beso. Que el whisky de esta mañana ha sido el último también. 

              Y, en casos como éste, puede que te preguntes a quién has cabreado tanto. No es una profesión fácil, pero los más duros, los más rápidos o, incluso, algún pobre diablo con suerte, llegan a viejos. Yo conozco a un par que han sabido hacerlo bien, y no parecen más listos que tú o que yo. Así que te preguntas si es que te pasaste de ingenioso en un comentario, o si averiguaste demasiado como para vivir y demasiado poco como para sacar tajada, o si has compartido cama con quien no debías. O puede que haya sido un poco de cada cosa.

Te miro ahí, en el suelo, y me pregunto si estás pensando en esto.

Ilustración de Esperanza Peinado
12:32 Publicado por Esperanza 5