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Asombrada por vivir sólo una historia, decidí probarlas todas, una a una. También escribo y dibujo.

jueves, 10 de octubre de 2013

Proyecto Diez Negritos: Ethel Rogers

 Estos meses estoy trabajando con Peká Editorial en un juego de mesa creado por Judit Hurtado Fernando Chavarría y  basado en la novela Diez Negritos, de Agatha Christie. Me gustan mucho los juegos (especialmente los que son cooperativos, como éste, porque soy una pésima perdedora) y me encantan las novelas de misterio, así que, pese a las horas de trabajo, estoy disfrutando intensamente este proyecto.

Agatha Christie decía que Diez Negritos (“And then there were none”, se llamó después) era su obra más perfecta. También es una de las novelas policíacas más vendidas de la historia. Parte de una premisa muy sencilla: Diez personas, aparentemente sin relación entre sí (excepto el matrimonio de criados) son reunidos en una isla privada. Pronto descubren que sí tienen algo en común, todos son responsables de la muerte de alguien. Y acto seguido, descubren otro punto de unión: uno por uno, todos están muriendo. La novela y el juego de mesa tienen el mismo objetivo, descubrir cuál de los personajes es el asesino antes de que mate al resto. Como en las diferentes adaptaciones de la historia, el asesino cambia en cada partida, y se considera descubierto si reúnes durante el juego el número suficiente de pistas.



No es un Cluedo, es muy divertido y, a pesar de tener una mecánica muy ágil, tiene muchos componentes y, os lo puedo asegurar, una estética muy cuidada. Os dejo aquí parte del proceso de creación de la cocinera, Ethel Rogers.



(Ilustraciones de Esperanza Peinado)
22:23 Publicado por Esperanza 4

jueves, 3 de octubre de 2013

El Séptimo Mar


 Sólo usa un par de zapatos – las botas más cómodas que pudo encontrar-, blande una espada llamada Fuego Blanco y tiene el pelo del color del fuego, y aproximadamente igual de manejable.

Ygrain de Carleon es uno de mis personajes preferidos, quizá por la forma en que disfruta la vida intensamente. No rechaza una cerveza, ni una buena historia, ni una noche interesante en cualquier sentido. Como Blanche DuBois, confía en la bondad de los desconocidos, pero sabe cómo reaccionar si éstos defraudan sus expectativas.

El mono se llama Malaria. Lo bautizó así una compañera de viaje que enumeraba las enfermedades que podía contagiarles, aunque según Ygrain es porque, nada más verlo, su amiga se mareó y a continuación le entraron sudores fríos. Malaria es, a grandes rasgos, cabezota, valiente, comilón y temperamental, de modo que Ygrain y él se llevan de maravilla.

Como os digo, siento un cariño especial por este par, así que no me extrañaría que más adelante os siga hablando de ellos.
18:46 Publicado por Esperanza 0

lunes, 23 de septiembre de 2013

Qamar y la perla (II)


Antes del verano os hablé de este cómic que presenté al III Concurso de Cómics de Medina Azahara. Se trataba de una historia sobre las historias, y sobre cómo pueden devolver a la vida las ruinas. Al final, aunque estuvo expuesto en Medina Azahara hasta finales de julio, no gané, porque me tocó un jurado ruskiniano, más interesado en la belleza trágica de las ruinas que en los cuentos de hadas. Son cosas que pasan.

Os dejo, sin embargo, el cómic, y espero que lo disfrutéis (como siempre, click para ampliar).




18:25 Publicado por Esperanza 2

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El pintor de miniaturas


Desde el principio puso especial cuidado al pintar ésta. Era de un mirmillón, ese tipo de gladiador romano que en las películas no suele pasar de extra, probablemente porque no se les ve la cara. La verdad, no le presté mucha atención (tiene ejércitos completos) pero sí me di cuenta de que le dedicaba más tiempo a los degradados y los brilllos, de que le buscaba más matices a las telas, de que cambió un par de veces el color para obtener el mejor efecto. Y, una vez terminada, la colocó junto a la cama, entre el despertador y la lámpara. Lo último que mirar al apagar la luz.

Luego empezó el ejercicio. Y le venía muy bien, en realidad. Pasaba mucho tiempo sentado entre unas y otras cosas. Pero, en algún momento, todo se volvió excesivo. Y ¿Qué le voy a decir? ¿Que no me gusta que tenga la figura en la mesa de noche? Yo en la mía tengo un conejo de trapo. Ayer pasé junto al cuarto mientras hacía flexiones y le escuché murmurar. Habla tan poco últimamente que me sobresalté. Repetía:

-           - La espada atada al brazo es una con el brazo, clava y corta. El escudo de un soldado, pesado y recto, defiende al guerrero. El casco cubre la cara para que nunca te miren a los ojos…

Y no sé qué hacer. Miro la figurita yo también y espero, simplemente, a que descargue el golpe.

(ilustración: Esperanza Peinado)

12:53 Publicado por Esperanza 0

martes, 3 de septiembre de 2013

Mis fotos del verano

 De esto que encuentras un sitio cómodo, a la sombra, con una brisa suave, que no sabes si entrecerrar los ojos o ensimismarte con el paisaje... Es una tarde de verano, te sientes perezosa y no tienes nada urgente que hacer en un rato. Y entonces sacas el cuaderno y dibujas...



 

19:20 Publicado por Esperanza 3

miércoles, 28 de agosto de 2013

Con habitación propia


Decía Virginia Woolf que, para escribir, una mujer necesita dinero y una habitación propia. “Mujeres con habitación propia”, con Trini Moreno Cobos como principal impulsora, ofrece no sólo ese espacio personal, sino también un lugar de encuentro para mujeres creadoras, que ponen su cabeza y sus manos a trabajar en algo en lo que creen: dramaturgas, titiriteras (en el más honroso sentido del término, si es que tiene otros), escritoras, diseñadoras, pintoras, músicas y artesanas. Y más.

Y, desde ayer, ya tengo dos llaves en mi llavero: mi firma y la de mi nueva habitación. Si os apetece pasaros, veréis qué bien acompañada me encontráis.

13:17 Publicado por Esperanza 0

martes, 20 de agosto de 2013

Hadas de vacaciones




Estos días de verano me gusta bajarme a la playa a primera hora de la mañana, antes de que aparezcan las radios, los jugadores de palas o voleibol y esos preciosos bebés que ven el mar por primera vez y cuyas otras primeras veces (la primera vez que mojan los pies, que chapotean o que se comen un cangrejo vivo) te retransmite a voces una familia entusiasta. Me encanta la calma que tiene el mar a esas horas, cuando apenas se escucha algo más que el viento y el rompeolas, así que, aunque odio madrugar, estos días hago una excepción y, si puedo, llego antes que los peces.

Aún así, nunca soy la primera. Suele haber un señor con pinta de jubilado y pantalones blancos disfrutando de un periódico y varias sombrillas huérfanas, que creo que brotan solas por la noche. Y, una mañana, estaba esta tienda. Ni siquiera fui capaz de entender cómo se sostenía la estructura. Era una mezcla de pabellón medieval y casa zíngara, una acumulación de alegres telas de todos los colores, banderolas y guirnaldas, como una especie de espejismo en la arena.

Intrigada, hice un pequeño boceto en el margen de mi revista, pero no llegué a averiguar quién la ocupaba. Las dos veces que me asomé discretamente  –al ir a nadar y al salir del agua- estaba vacía, aunque alguien había dejado dentro sus cosas. No ha vuelto a aparecer por aquí, así que, si alguien la ve y averigua algo más sobre quién viaja con tanto estilo, que me avise.

(Ilustración de Esperanza Peinado)
14:25 Publicado por Esperanza 2