
El cuadro era una ciudad vista de lejos, entre los árboles, creo. O unas ruinas, quizás, no me fijé demasiado. Había un tipo delante que, por su entusiamo, debía de ser la madre del pintor, y no dejaba de recrearse en la soltura de la pincelada, en las influencias de Giorgione y el tratamiento del color tan propio de Marc y en la transparencia pesada del aire, o algo así. Parecía tener para largo. Yo miraba a la chica del pelo recogido, la melena color arena tostada, la nuca perfecta. No podía verle la cara y parecía absorta en la explicación, o quizá simplemente admiraba la pintura. Imaginé que se giraba y me sonreía y que su sonrisa era tan perfecta como su nuca y la red que formaba su pelo. Me moví ligeramente a la izquierda (no había mucho sitio) para poder ver la curva de su mejilla, prometedora. Pensé en acercarme y decirle algo, pero ni siquiera me acordaba del nombre del autor de ese cuadro que la interesaba tanto y, de todos modos, la sala estaba tan llena... costaba saber si ella también había venido sola. Quizá podía, simplemente, aparecer con una copa y presentarme.
Y entonces, ella se giró de repente y yo dejé de respirar.
22:10
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Esperanza
He estado unos días perdida en ninguna parte, un pequeño pueblo de piedra y pizarra habitado por gatos gigantes que probablemente se hayan comido a los anteriores habitantes, pero que toleraban mi presencia con generosidad. Ser la única persona que pasea por las calles de un sitio así te deja mucho silencio para tí sola, mucho espacio para pensar y rincones para sentarte a dibujar y tiene, además, la ventaja de que no chocas con nadie cuando vas con el paraguas.
Ahora que estoy de vuelta, me parece que la lluvia suena diferente.
14:52
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Esperanza
(Observaciones y comentarios
sobre las ilustraciones que he realizado para el
juego de Peká, basado en la
novela de Agatha Christie)

¿Cómo no sospechar del Doctor
Edward Armstrong? Es un farsante. Poca gente había escuchado hablar de él hasta
hace poco, cuando un golpe de suerte le trajo a la paciente apropiada: rica,
aburrida, ávida de atención. Y con amigas tan ricas e hipocondríacas como ella.
Ahora es un médico de moda que no necesita tratar enfermedades reales para ganarse cómodamente la vida y que, al
parecer, ha sido contratado para diagnosticar discretamente a la Sra Owen, la
esposa del actual -y desconocido- propietario de la Isla del Negro. Y la grabación que acusa a
los diez invitados de la isla asegura que es el responsable de la muerte de una
mujer, años atrás, durante una operación ya olvidada…
Y sin embargo, cuando las muertes
empiezan a sucederse ¿Quién rechazaría la ayuda del único médico presente?
12:40
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Esperanza
Pues, a lo tonto, ya llevo algo más de un año compartiendo El Cuatro de Espadas con vosotros. Esta es mi primera entrada de 2014 y, para empezar bien las cosas, quiero daros las gracias a todos los que pasáis por aquí, a los que seguís este blog (algunos incluso desde el principio), a los que llegásteis por casualidad y decidísteis quedaros, a los que me dejais comentarios, que son como regalos (no sabéis la sonrisa que se me queda al leeros), a los que apreciais mi trabajo y leéis las tontadas que se me ocurren. Muchas gracias, en serio. Espero que tengais un magnífico año.
Esta vez he tardado algo más en escribir mi lista de buenos propósitos, porque no es algo que se pueda redactar a la ligera. De modo que he leído detenidamente
la del año pasado y he comprobado que he cumplido un total de tres (no digo cuáles). Me parecen demasiados, una no debe cumplir demasiado rápido sus objetivos porque se vuelve insoportable y la gente la mira mal. Pero, además, me he dado cuenta de que corría el riesgo de cumplir otro más si no lo remediaba, el de dejar de hacer cosas como éstas. Así que, para evitarlo, aquí os dejo mi lista de resoluciones para este año. Por supuesto, sentíos libres de adoptar los que queráis para la vuestra.
16:00
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Esperanza
Érase una vez un
chico que pensaba que los copos de nieve eran como las abejas y que, en algún
lugar, debía de existir una reina. Y, un día, la Reina de las Nieves vino a
buscarlo y lo llevó consigo. El palacio de la reina era bellísimo, pero de
hielo, y la reina era perfecta, pero le heló el corazón. Le dio un puzzle de
espejos que le hizo olvidarse del mundo y su vida anterior y allí se quedó el
chico de plantón, hasta que su mejor amiga fue a buscarlo y rompió el conjuro
para que pudiera regresar a casa.
Espero que vosotros
mantengáis el corazón bien abrigado, lo cual, se pongan como se pongan los
anuncios navideños, cada día es más difícil, y que siempre contéis con alguien
que os lo descongele de un abrazo en caso de emergencia. Que tengáis presente que un palacio no sirve
de nada si está hecho de hielo (os lo digo yo, que no tengo calefacción ahora
mismo), que buscar la perfección es absurdo si te impide reírte y ser feliz y
que, en ocasiones, volcarse en un problema te resta perspectiva. Espero que
estéis en casa.
Feliz Navidad.
13:02
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Esperanza
Son tres pequeños dibujos, de unos 8 cm de lado, que hice ayer en acuarela y tinta como parte de la decoración navideña. Se acerca el invierno...
14:56
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Esperanza
Agatha Christie escribió Diez Negritos en la Isla de Burgh, en la costa de Devon, un lugar bastante tranquilo que cuenta con un lujoso hotelito Art Decó y poco más. Con la marea baja se puede llegar andando al pueblo cercano pero, si sube, el hotel queda completamente aislado, excepto por barco. Y, si hay tormenta, ni siquiera por barco.
Esta situación tan engañosamente segura le pareció el escenario perfecto para una novela de misterio.
La isla podía explorarse a pie, no había ningún sitio, salvo la mansión, en el que un asesino pudiera esconderse, de no ser por la niebla podrían incluso ver el pueblo, si no fuera por la lluvia llegaría una barca que les devolvería a casa... pero la cuestión es que los diez habitantes de la isla están muriendo, uno por uno.
La isla tiene también bastante protagonismo en el
juego de 10 Negritos. El tablero no se limita a las habitaciones de la casa, puedes (y debes) recorrer las diferentes localizaciones de la pequeña isla. El dibujo que aparece entre los papeles de las fichas de personaje fue el primero que hice de entre todos los elementos del juego.

Al principio de la novela, te explican que la Isla del Negro recibe su nombre de su forma, pues desde cierto punto de vista parecía un rostro con rasgos africanos. Burgh era demasiado plana para conseguir ese efecto, así que escogí la cara más rocosa y pronuncié más el perfil, obligando a los personajes a hacer algo más de ejercicio al explorarla. Cerca de Antequera (Málaga) hay una peñón al que la gente llama la Peña del Indio porque tiene exactamente la silueta de un indio de nariz aguileña tumbado de perfil. Yo me dejé llevar bastante de ese espíritu y exageré los rasgos en el dibujo. O eso pensaba yo, porque hasta hasta el momento nadie parece haber visto el rostro del negro en el dibujo. Quizá es de esas cosas que pasan desapercibidas hasta la primera vez que las ves.
La isla aparece también en la portada de la caja, ya que me parece que resume bastante bien la situación: Durante el día creías que estabas en una casa preciosa con vistas al mar esperando a tu anfitrión pero, al caer la noche, descubres que nadie, en absoluto, va a llegar y que tú tampoco irás a ningún sitio. La tormenta se acerca y tú estas, literalmente, aislado.
23:00
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Esperanza